'TEBRAA. Retratos de mujeres saharahuis'. Un canto contra el
olvido.
Un canto contra el olvido.
Chaska Mori
Imagen: fotografía del rodaje de Tebraa (© Alejandro Espadero)
La tebraa es el canto de las mujeres del desierto del
Sahara. Son cantos de amor o de lamento que entonan cuando están
solas.
Con el título de Tebraa, presentamos un documental en el que
catorce creadoras de Andalucía perfilan once retratos de mujeres
saharauis.
Son historias de mujeres a quienes se les ha negado el derecho a la
tierra y que, desde sus campos de refugiados o los territorios ocupados
por Marruecos, cantan en su fuero interno por retornar algún
día al país que les fue arrebatado en 1975.
Como un puzzle, el documental va presentando piezas breves, de alrededor
de cinco minutos, en el que rostros e historias nos van revelando el
destino colectivo de un pueblo condenado al peor de los exilios: familias
separadas, vidas clandestinas, gente que deambula en un no lugar en
donde el tiempo parece detenido y en el que todo es difícil.
Y a pesar de ello, o quizás por ello, la vida es de una inusitada
fuerza, una resistencia diaria contra la disolución.
Esta película es un humilde homenaje a las mujeres saharauis
que resisten en el Sahara ocupado y a aquellas que, casi en solitario,
construyeron los campos de refugiados, cuando los hombres estaban luchando
contra el ejército marroquí. Ellas, en la porción
de desierto prestado por los argelinos, en medio de la nada, prepararon
el adobe con el que levantaron sus casas, sus escuelas y sus hospitales.
Han pasado más de 30 años de aquel entonces. Los niños
y los jóvenes saharauis que viven en los campos de refugiados
han nacido allí entre las piedras y las estrellas y un horizonte
infinito de arena. No han podido conocer la tierra de sus padres, que
es la suya en realidad, con su desierto pero también con su mar.
El Aaiún, Dahla, Aussert, Smara… son los nostálgicos
nombres de las principales ciudades del Sahara Occidental con los que
los saharauis han bautizado sus campos de refugiados. Son ciudades a
las que algún día esperan retornar.
Este documental surgió por iniciativa de la Asociación
de Sevilla de Amistad con el Pueblo Saharaui, a raíz del impacto
que tuvo la lectura del relato de Fatma El Medhi, donde narra la huida
de su tierra y la dureza de los primeros años en los campamentos
de refugiados.
La Asociación promovió la idea de realizar una película,
con valor de documento, que recoja trozos de la realidad que viven a
diario las mujeres saharauis, con la sugerencia, además, de que
fueran mujeres quienes contaran estas historias.
Fuimos entonces conformando un equipo. Algunas proveníamos del
mundo audiovisual, otras de la arquitectura, el diseño y la escritura.
Juntas nos agarramos fuerte al deseo común de contar estas historias,
desde el presente, a lo largo de dos años.
Uno de los fines de este proyecto radicaba en su propio proceso, implicar
al máximo número de personas con la idea de difundir y
acercar la realidad en la que están inmersos los saharauis y
que, desgraciadamente, se desconoce en muchos aspectos. Queríamos
un proyecto activo, de conocimiento, descubrimiento y denuncia.
Nuestro esfuerzo se vio compensado con la respuesta positiva y participativa
de técnicos, artistas, particulares y empresas del medio audiovisual
andaluz que, de manera totalmente desinteresada y comprometida, nos
ofrecieron su apoyo.
Desde un inicio, Tebraa se fue gestando como un proyecto colectivo.
Si bien cada pieza tiene un carácter, un color y una creadora
detrás, el conjunto, es decir, el documental con sus 67 minutos
de duración, es como un cuarto oscuro en el que una mano –que
es la mano de todas– sostiene una linterna y va alumbrando partes
de la habitación, de manera que, por trocitos, vamos descubriendo
y ubicando en nuestro imaginario lo que hay dentro.
El documental arranca con imágenes del exilio de los saharauis
en su huída hacia el desierto: tormentas de arena, mujeres y
niños a pie o en camiones... Bea Mateos lo cuenta a partir de
los archivos proporcionados por la RASD TV (Televisión Saharaui).
Los saharauis encontraron refugio en la hammada argelina donde, para
existir, hay que resistir como las piedras o saber vivir como las acacias
del desierto. El primer retrato es el de Maaluma, una matrona de los
campamentos que, con muy poco material médico y, apoyándose
en el conocimiento tradicional de las que la precedieron, recibe la
vida en medio del desierto.
Los niños de los campamentos crecen en la inmensidad del desierto
y los destinos empiezan a tomar sus propios caminos.
Laura Alvea y Paz Piñar cuentan la historia de dos niñas:
una de mayor quiere ser estrella del pop mientras que la otra sueña
con casarse y tener su propia jaima. La primera acude a la escuela y
se prepara para viajar, conocer otras tierras, otras gentes, otras voces.
La segunda no sabe leer ni escribir; le tocó cumplir con la tradición,
estar al cuidado de los más pequeños y de sus mayores.
Sin embargo, tienen algo en común: las dos nacieron y ahora crecen
en unos campamentos de refugiados.
La historia de Sukaina, la protagonista de la pieza de Dácil
Pérez de Guzmán, retrata la realidad de los niños
de los campamentos que vienen de vacaciones a España acogidos
por una familia. Aquí todo es perfecto, hay cariño, agua
y hasta una piscina. Sólo falta la jaima al lado de la piscina.
Mercedes M. del Río cuenta la vida de Fatma, una joven sorda
que llegó de niña a España para recibir tratamiento
y se quedó. Fatma ya no quiere regresar a los campamentos, a
pesar de que su madre y su familia están allá. Fatma tiene
en España otra vida, otros amigos y una madre adoptiva española.
¿Para qué volver?
En el “desierto de los desiertos”, donde están los
campos de refugiados, la vegetación es prácticamente inexistente.
Pero Azuha, junto con otras 1.500 personas, han convertido su día
a día en una lucha por conseguir que la tierra casi infértil
produzca alimentos para la población. Azuha estudió agronomía
en Cuba y hoy trabaja en uno de los huertos de Dahla. María Durán
y Carmen Marzal nos cuentan su historia.
Del otro lado del muro, construido por Marruecos, está la tierra
soñada: el Sahara ocupado. Eva Morales y Ana Álvarez emprenden
un viaje en coche, desde Agadir hasta allí, para encontrarse
con mujeres saharauis. Pronto se ven obligadas a actuar clandestinamente.
“Miedo, llegamos a tener bastante miedo, tensión, rabia,
obsesión…”, recuerdan Eva y Ana. “Nos sentimos
controladas, la policía nos pisaba los talones. Nos vimos obligadas
a asumir el ridículo papel de espías, hablando en clave
por si teníamos escuchas, o haciendo movimientos muy medidos
para no levantar sospechas. Sólo queríamos hablar con
mujeres saharauis, ¿qué tenía esto de trasgresor?”.
La cárcel y la tortura han sido dos de los métodos más
empleados por el ejército marroquí, para callar a los
saharauis en su lucha por recuperar su tierra. Fatma y Mamia son dos
hermanas que tuvieron que huir en patera de la represión marroquí,
después de pasar 16 años en la cárcel y ver morir
a su madre y a su padre en ella, todo por ser saharauis. Llegaron hasta
Tenerife y, desde allí, contaron su historia a María Rodriguez.
A pesar de la falta de libertades y de la represión que viven
a diario los saharauis en la zona ocupada, mujeres y hombres siguen
resistiendo y luchando por la causa de su pueblo. Una figura emblemática
de esta lucha es Aminetu Haidar, retratada por Ana Rosa Diego.
“Me mataréis, pero nunca conseguiréis matar mis
ideas” es una frase famosa de Aminetu, cuenta Ana Rosa, quien
dice que cuando le preguntaron sobre ella, Aminetu les respondió:
“Esto lo dije mientras un policía me golpeaba en la calle
central, llena de sangre... Le dije que aunque me golpeara, nunca cesaría
en mi lucha, aunque él me torture, nunca voy a retroceder”.
Mariem Hassan, símbolo de la música saharaui, es la voz
que acompaña algunas historias del documental. Raquel Conde nos
la muestra, además, en acción, durante un concierto en
España, desplegando la fuerza de un canto capaz de atravesar
todos los muros.
Niños jugando sobre la arena, piedras, lápidas, una jaima,
pasos, un cementerio y una anciana, recuerdos, peces… Seguia El
Hamra, región al norte del país, cuyo nombre le viene
dado del río que cruza, allí vivió Dad’da
hasta la ocupación marroquí. Roció Huertas hace
un retrato de la speranza, la memoria y los sueños de Dad’da,
una mujer de 70 años, “una anciana prodigiosa” a
quien “ya no le duele nada y no se permite seguir recordando”.
Al día de hoy, los saharauis y todos aquellos que deseamos que
se haga justicia con este pueblo, estamos a la espera de que se realice
el referéndum de autodeterminación, prometido por las
Naciones Unidas desde hace más de 20 años y postergado
y atascado por los obstáculos que pone el gobierno de Marruecos,
y aquellos Estados que lo apoyan, entre ellos el de España.
La historia está llena de escándalos y muchas veces olvidamos
que el presente es la historia que construimos. Por eso, con este documental,
hemos decidido desentrecruzar los brazos y unir nuestras voces en un
canto contra el olvido, esperando, como John Grierson, desde el cine,
estimular el corazón y la voluntad de las personas para afrontar
los escándalos del presente.
Publicado en el
nº 3 de Cámara Lenta (diciembre de 2007)
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